Dominado y regido por el planeta Plutón,
Escorpio está caracterizado por un
fuerte instinto y tendencia a impulsos violentos.
Su fuerza inconsciente es, a menudo, demasiado
potente para ser controlada y se revela
de forma desordenada provocando profundas
angustias existenciales.
En Escorpio la sexualidad se transforma
en erotismo, se vive con agresividad,
con curiosidad, pero también con
temor, como un momento en el que el placer
y la muerte se confunden.
:: Agresividad y erotismo ::
Dos grandes instintos se enfrentan en
una ambivalencia intensificadora: la agresividad
y el erotismo.
El instinto sexual se prolonga bajo el
aspecto creador: don de producir, de fecundar,
de realizar en un arranque irresistible;
el poder del ser procede del sexo y a
través de este poder sexual, encuentra
Escorpio su razón de ser.
La agresividad escorpiónica se
extiende también al campo mental
e intelectual. A menudo la inteligencia
es agudísima, anticonformista y
a veces revolucionaria.
Escorpio ama el riesgo y su audacia es
más intensa cuanto más difícil
y peligrosa se presente la situación.
Le corresponde la octava casa del Zodíaco,
que es la de la muerte, pero también
la de la capacidad de resurrección.
Escorpio puede destruir lo tradicional
para revolucionarlo y construir algo completamente
nuevo.
Plutón junto a Marte, regentes
del signo, simbolizan no sólo la
semilla que fecunda, sino también
la fuerza inconscientes que busca la expresión
creativa y original.
Quien está fuertemente marcado
por Escorpio es, a menudo, un inconformista,
con una inteligencia abierta a todas las
propuestas, incluso la menos ortodoxa,
y con una voluntad de poder y una intuición
casi demoníaca que en algunos puede
convertirse en un arma al servicio de
sus propios fines de forma no siempre
cristalina.
Cuando prevalecen las fuerzas agresivas
e instintivas, la vida de los nacidos
bajo este signo está caracterizada
por la lucha así como por una fuerte
competitividad, que puede llegar a la
violencia y a la crueldad.
Por el contrario, es posible encontrar
sujetos que rechazan y repriman el instinto
y la sexualidad convirtiéndose
en presa de la angustia y de fuertes sentimientos
de culpabilidad. Los continuos temores
pueden convertirlos en seres profundamente
infelices y atormentados.
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